El trazado de la ciudad es muy regular, con manzanas perfectamente cuadradas en el centro histórico y financiero que se extienden por las demás calles, aunque no con la misma uniformidad en todas ellas.

La inmigración trajo consigo un eclecticismo de diferentes culturas que se demuestra en la arquitectura de la ciudad, que combina estilos diversos como el academicismo, el art decó, el art nouveau, el neogótico o el francés borbónico. En contraste con estas influencias se encuentran los rascacielos, elementos muy comunes en el panorama urbano porteño.